791blog

12.12.06

007

Lo confieso: todavía no fui a ver el último Bond. Escuché comentarios absolutamente dispares, desde los elogios del amigo Cinefrik hasta los más terribles sarcasmos de algún crítico sobre las cualidades de Daniel Craig. Ya tendré mi propia opinión mañana cuando vaya a ver Casino Royal, pero mientras tanto es bueno hacer un pequeño repaso para aquellos que, como el amigo Perez, poco saben sobre la saga del Comandante.
Creo que está universalmente aceptado que el mejor Bond sigue siendo el de Sean Connery. Su estilo irónico, su elegancia fría y su completa falta de escrúpulos diseñaron para siempre el alma del personaje y fijaron la barra para medir al resto. Desde Rusia con amor (1963) es probablemente la mejor película de ese período. Luego vino Roger Moore, un malentendido británico. Nadie en su sano juicio puede creer que él sea Bond, empezando por él mismo. El siguiente, Timothy Dalton, no funcionó por alguna extraña razón que no llegué nunca a entender. Con Pierce Brosnan el camino fue más complicado. No me gustó en GoldenEye (1995), donde le explicaba a la chica Bond que su dureza aparente era sólo una máscara para protegerse. Una confesión psicoanalítica de la que Sean Connery se hubiera burlado socarronamente. Pero luego lo fui apreciando cada vez más, incluyendo a algún malo como el extraordinario Elliot Carver de Tomorrow Never Dies (1997) interpretado por Jonathan Pryce, comparable al otro malo extraordinario que fue Gert Fröbe en Goldfinger (1964).
Y los malos, como sabemos los admiradores de la saga, son lo mejor de 007.

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