Eighteen
Tenía veinte años. No dejaré que nadie diga que es la edad más bella de la vida. Paul Nizan (Aden Arabie)
Tengo una pesadilla recurrente: sueño que paso un examen. O mejor dicho, que vuelvo a pasar un examen, con la terrible diferencia de que ya soy adulto y mis compañeros siguen siendo adolescentes. La angustia es siempre la misma, no estudié, no preparé nada y me pregunto por qué no lo hice. Siento una mezcla de rabia e impotencia circular de la que no logro despegarme, quiero y no puedo.
En Eighteen, su primera película presentada en el BAFICI, el director coreano Jang Kun-jae logra sintetizar esa rabia e impotencia adolescente y encuentra el tono justo, que mezcla melodrama con cierto humor desangelado. El protagonista, luego de conocer el paraiso terrenal de un fin de semana de escapada con su novia, padece el castigo de los padres y el alejamiento de ella. Como en mi sueño, nada de lo que hace logra mejorar su situación sino que por el contrario, la empeora. La supuesta solución a un problema se transforma en el próximo y agobiante dilema. El fin de semana vuelve en su recuerdo como la única salida posible a su laberinto.
Seguimos agradecidos a la famosa licuadora coreana.
Tengo una pesadilla recurrente: sueño que paso un examen. O mejor dicho, que vuelvo a pasar un examen, con la terrible diferencia de que ya soy adulto y mis compañeros siguen siendo adolescentes. La angustia es siempre la misma, no estudié, no preparé nada y me pregunto por qué no lo hice. Siento una mezcla de rabia e impotencia circular de la que no logro despegarme, quiero y no puedo.
En Eighteen, su primera película presentada en el BAFICI, el director coreano Jang Kun-jae logra sintetizar esa rabia e impotencia adolescente y encuentra el tono justo, que mezcla melodrama con cierto humor desangelado. El protagonista, luego de conocer el paraiso terrenal de un fin de semana de escapada con su novia, padece el castigo de los padres y el alejamiento de ella. Como en mi sueño, nada de lo que hace logra mejorar su situación sino que por el contrario, la empeora. La supuesta solución a un problema se transforma en el próximo y agobiante dilema. El fin de semana vuelve en su recuerdo como la única salida posible a su laberinto.
Seguimos agradecidos a la famosa licuadora coreana.


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