Crítica
del diario Página 12
Sup. Espectáculos (19/04/05)
Por Julián Gorodisher

(...)
"El del documentalista Andrew Jarecki
será, de allí en más,
el más corrosivo de los relatos
recientes sobre familias disfuncionales,
poniendo en jaque un sinfín de
discursos hegemónicos: el de
la ley, el de la cobertura mediática
(¿cuál es la verdad?),
el de la moral sexual que modeló
a los sesentones de acuerdo con el dogma
de la monogamia y la heterosexualidad
y que, de pronto, se pone brutalmente
en crisis.
El
milagro periodístico de Capturing...
es estar siempre allí donde suceden
los hechos, corrido de las reglas de
un formato más ortodoxo del género
documental que suele reconstruir sucesos
del pasado a través de memorias
de allegados y expertos. Esto es otra
cosa: el flamante docureality es puro
presente, acompaña a la familia
unos minutos antes de la condena a Arnold
o justo cuando se desata una feroz discusión
entre los esposos. Jarecki recopila
videos familiares de los hijos, agrega
su persistente acoso a la familia, la
invade para desdemonizar al ogro mediático
y apuntar sus dardos contra el poder
represivo estadounidense antes que contra
la víctima. Es que Capturing...,
más que la reseña de un
caso policial, es una crítica
al aparato norteamericano de control
sexual, que se pone en marcha a través
del FBI cuando éste detecta los
consumos culturales de Arnold: unas
revistas porno para pedófilos
traídas por correo del exterior.
Allí
empieza el acoso de la ley: entrevistas
inducidas a los alumnos, prácticas
de hipnosis, requisas a la intimidad
de los Friedmans que no podrían
dar otro resultado que no fuera la sentencia
de 'culpable'.
(...) El documental cuestiona la educación
puritana que produjo una generación
de padres de familia como Friedman:
reprimido, balbuceante, metido en un
matrimonio forzado y sin otro destino
que el delito para su deseo. Sucede
algo extraño: aunque Arnold confiese
haber tocado al vecinito y su hijo Jesse
admita haber sido abusado por su padre
(presionado por su abogado defensor
para salvarse del cargo de complicidad)
nunca desaparece el valor de cercanía,
la conciencia de que los vicios privados
no alcanzan la misma trascendencia que
los pecados públicos: la extorsión
para forzar culpables rápidos,
la necesidad de condenar al que se corra
de los mandatos sobre familias decentes.
(...)
Al cineasta le interesan más
los efectos (la maquinaria represiva)
que las causas (si lo hizo o no) y el
final abierto no suena a cosa inconclusa.
Aquí se cuestiona la verdad de
una sentencia, sin omitir detalles del
caso ni dejar de nombrar detalles que
hacen descomponer a las señoras
de la platea, y provocan escozor sobre
el destino real de la familia tipo:
cárcel, delito, disgregación,
escarnio, en las antípodas del
anquilosado sueño americano."
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