Entrevista al director
¿Cómo fue la producción de La León?
Santiago Otheguy: La producción de la película se hizo en dos partes. La León fue primero un cortometraje que nunca se llegó a editar. Cuando le mostré las imágenes a los productores, tuvimos todos la sensación que el proyecto tenía potencial para transformarse en un largo. Un año después volvimos al Delta a filmar el resto. El montaje final contiene escenas filmadas durante estas dos etapas del proceso. En el ínterin desarrollé el guión, buscamos financiación y optimizamos la logística, ya que filmar en los ríos de la tercer sección del Delta plantea muchas dificultades técnicas. Esta forma de hacer una película posee ventajas evidentes ya que se dispone de tiempo para mejorar las ideas y corregir errores pero conlleva también una serie de dificultades difíciles de resolver. El problema principal es lograr la continuidad entre las partes. Un año es mucho tiempo: los actores cambian bastante, engordan o adelgazan, sus rostros están más o menos marcados según las circunstancias de sus propias vidas. Tampoco teníamos la certeza de volver a toparnos con algunos de nuestros protagonistas ya que gran parte del elenco está compuesto por gente de la zona. Los personajes que en la película trabajan cortando madera en las plantaciones de álamos son cuadrillas de jornaleros, venidos en general del Paraguay. Una vez terminado el trabajo se van y no hay manera de volver a ubicarlos.
¿Porqué escogió filmar esta historia?
SO: Me interesa hacer un tipo de cine que no esté basado en el relato o centrado únicamente en la performance personal del actor profesional. Me gustan las películas que no sólo cuentan algo del mundo, una anécdota, pero que ante todo expresan una mirada personal y desarrollan un lenguaje cinematográfico propio. Muchas veces vemos en el cine historias filmadas con medios ajenos, tomados de la literatura o del teatro, que dejan de lado la inmensa paleta de posibilidades expresivas que ofrece el cine. El trabajo del tiempo, de la luz, del ritmo, del sonido, la resolución plástica de una película y todo lo que sucede alrededor o detrás del relato cuentan para mí tanto o más que la elección de una historia. No es que esté en contra o a favor de un tipo de cine. Lo que importa es la variedad. Y actualmente, el público accede en general a un mismo tipo de cine, con las mismas narrativas. La León es una historia contundente y al mismo tiempo muy simple. Es, por decirlo así, algo cercano a un mito. Pero la historia no es más que un hilo conductor. Lo que cuenta realmente pasa por otro lado: el paisaje, el ambiente emocional, los rostros. En La León el relato es como la corriente de un río que avanza lenta y majestuosamente. La tensión va creciendo de a poco y, como un río, la corriente nos impide volver hacia atrás. Los gestos y acciones de los personajes son irreversibles y el relato avanza encadenando causas y efectos. La interioridad de los personajes esta reflejada en el mundo exterior. Lo que sucede en la superficie contrasta con las fuerzas que se esconden en las profundidades.
¿Cuales son las temáticas de la película?
SO: Quería filmar una historia sobre la naturaleza de ciertas pulsiones primarias, sobre los mecanismos de la intolerancia. Algunos de los temas presentes en la película son la homosexualidad, el problema de la identidad y todo el odio, la violencia y la discriminación que esto puede generar. Pero no se trata de una película sobre la homosexualidad. Lo que me interesa es mostrar los mecanismos de la exclusión, los actos fundadores de la violencia. La violencia social se nutre de mecanismos individuales. Entre ellos, la frustración personal y el miedo a la diferencia son factores determinantes. La homosexualidad es una diferencia inaceptable para muchos, pero podría haberse tratado de una discriminación racial, cultural o económica. El otro, lo que desconocemos, es siempre responsable de nuestros problemas. La gente está como perdida y busca desesperadamente sus propios valores oponiéndolos a los valores ajenos. El mundo se globaliza pero al mismo tiempo y cada vez más, las comunidades se repliegan sobre sí mismas, se agrupan y se recomponen alrededor de denominadores cada vez más pequeños. Lo que sucede en el Delta con los Misioneros sucede a escalas mucho mayores con los inmigrantes musulmanes en Europa, por ejemplo. La homosexualidad de Álvaro (Jorge Román) revela el terrible malestar que se esconde en los otros. Es algo así como un juego de negativos y positivos. El hecho que Álvaro asuma sus pulsiones naturalmente no hace más que agravar la intolerancia de “El Turu” (Daniel Valenzuela), su antagonista. Pero creo también que esta es una película sobre la soledad.
¿Por qué escogió filmar en el Delta del Paraná?
SO: Tenía las primeras intuiciones de lo que entraría en juego en la película y había que escoger el contexto. La idea era deshacerse de todos los elementos que perturbaran la lectura de estos conflictos. Necesitaba un lugar aislado del resto del mundo. Podría haber sido un desierto o algún otro decorado pero el Delta se impuso por su potencial visual y poético, aunque sabíamos de entrada que las condiciones iban a ser muy difíciles. A la zona en donde filmamos se accede solo navegando. Uno depende constantemente de las subidas y bajadas del río para desplazarse. No había electricidad y las condiciones para alojar al equipo eran muy precarias. El escenográfo de la película, Sergio Rud, había vivido muchos años en la tercer sección durante la dictadura. Fue él quién me fue mostrando y presentando a la gente del lugar lo que resultó ser muy importante ya que el isleño se caracteriza por su mutismo y por la desconfianza que le provoca todo lo que llega desde afuera. El agua es un factor de gran aislamiento pero también de gran protección. Los isleños viven replegados sobre sí mismos, con sus propias leyes, con sus propios códigos y valores. Al mismo tiempo, son interdependientes. Se necesitan los unos a los otros para subsistir. En los ríos, cualquier problema, por más ínfimo que sea, puede transformarse rápidamente en un asunto grave o vital. Los isleños son una comunidad aparte y finalmente muy uniforme. Todos se visten mas o menos igual y viven mas o menos de lo mismo: cortan junco, plantan mimbre, álamos, pescan. Gracias a esta uniformidad pudimos concentrarnos en el enfrentamiento, en las fuerzas opuestas que atraviesan la película. Una vez que escogimos el lugar por sus características y por su gente, el paisaje impone de por si una plástica que te obliga a filmar de cierto modo. Todo emana del lugar, de su ambiente, de sus sonidos. El ritmo de la película surge y esta ligado al ritmo del lugar, a la contemplación del río, al silencio, a la soledad. En fin, los paisajes y su gente son para mí un motor primordial.
¿Cuál es la relación entre documental y ficción en la película?
SO: El cine, o por lo menos el cine que a mi mas me interesa, tiene un contenido documental importante. Mismo si se trata de una ficción, como en el caso de La León. Una película tiene que dejar rastro de la realidad, de lo que esta observando. Esto implica comportarse de cierto modo, mantener una cierta distancia y dejar que las cosas sucedan delante nuestro, sin forzarlas. Muchas veces los equipos de cine son muy invasivos. Llegan a un pueblo, arman todo un circo y finalmente influyen tanto en lo que están observando que en las películas no queda nada de este aspecto documental del que estamos hablando. El aspecto documental está en los rostros de los no actores, en los gestos, en sus labores. No se corta junco con la misma técnica según los ríos, según la gente. Este tipo de cosas me interesan mucho y trato de mantener una distancia para poder captarlo lo mejor posible. El relato se fue nutriendo también de las vivencias e historias de los isleños con los que pasamos mucho tiempo antes de filmar. Personajes como “El Turu” se inspiran en todos sus detalles de la realidad. En la tercer sección del Delta, casi toda la gente se desplaza en embarcaciones muy lentas y precarias. Las lanchas colectivas son uno de los pocos medios de transporte relativamente rápidos y representan el principal lazo entre la isla y el mundo exterior. La lancha colectiva lleva a la gente, trae las noticias. El lanchero es un personaje central y poderoso dentro de la comunidad.
¿Porqué optó por una fotografía en Blanco y Negro?
SO: El color es hoy en día una exigencia mucho más comercial que estética. Esta película se hizo con muy pocos medios pero con gran libertad artística. Nos tuvimos que adaptar a la escasez de dinero y de tiempo de rodaje, lo que no es poco teniendo en cuenta que filmamos casi exclusivamente en exteriores y que el agua, las crecidas y los temporales, entorpecen mucho el trabajo. Pero las resoluciones plásticas se tomaron en toda libertad. Personalmente, creo que no hay nada más expresivo que una imagen en blanco y negro. Tarkovski decía que por más extraño que pueda parecer, y mismo si el mundo es en colores, la reproducción en blanco y negro se acerca más a la verdad psicológica, naturalista y poética. Los paisajes, los objetos, los personajes adquieren otra intensidad. Pienso que el blanco y negro permite un mayor control sobre el resultado afectivo de una imagen. Instala también un ambiente atemporal, que es algo que desde el principio nos pareció necesario incorporar. Finalmente, el blanco y negro tiene algunos beneficios económicos. Necesitábamos una fotografía muy precisa y es muy difícil dominar el color en exteriores, con tan poco tiempo y tan pocos equipos. La película esta filmada en HD, lo que tampoco facilita las cosas. El blanco y negro le permitió a Paula Grandio, nuestra directora de fotografía, un mayor control de la imagen. El resultado es realmente excepcional.
¿Porqué usar tan poca música en la película?
SO: Me gusta ver las películas como si se tratase de música, con sus movimientos, su orquestación, su tiempo, su ritmo, sus temas melódicos. Desde ese punto de vista, la intervención musical me suele parecer redundante. Pero esto no es siempre así, no hay una norma, depende las películas. Con Vincent Artaud, el músico con quien vengo trabajando desde hace mucho tiempo, tanto en teatro como en mis cortos, nos planteamos muy seriamente la utilización de la música en La León. El resultado final, aunque parezca minimalista es fruto de un trabajo muy largo y se pudo lograr a costa de una gran cantidad de material musical bellísimo que tuvimos que dejar de lado. La idea era que la música se desarrolle en un plano autónomo. Que tenga un desarrollo emocional propio, como un personaje más. Quisimos evitar la función habitual que se le suele dar en el cine que es un refuerzo afectivo y tratamos de evitar también todo aspecto decorativo. En la mayoría de las películas, la música suele indicarle al espectador lo que debe sentir en cada momento. Pero La León es una película que invita a la gente a construir activamente sus propias relaciones. Nada esta inducido o juzgado de antemano. Así que poco a poco fuimos reduciendo las intervenciones musicales. La música es aquí una entidad a parte. Parece un ser inquietante que merodea por los ríos, que se esconde y surge de pronto de manera teatral. Por momentos se trata de ruidos, de sonoridades abstractas que surgen del paisaje. La cuestión es ver si la música es esencial para una escena o si al sacarla la escena sigue funcionando igual o mejor.