Una film intensamente personal sobre política y una película sobre el silencio que está repleta de palabras. M, la estimulante obra de Nicolás Prividera, se nutre de las contradicciones, que son ni más ni menos que su mismísimo significado. Comenzando como una investigación sobre quién es el culpable por la desaparición de la amdre del director, la película pronto se transforma en una meditación sobre el hecho de que la memoria colectiva es inevitablemente selectiva, y quq quizás el pasado nunca puede ser recobrado o representado.
Jonathan Holland (Variety)
Una documentación de la misión del director de descubrir porque, cuando él apenas tenía 6 años, su madre fue desaparecida. La furia sumergida e inconsolable de Prividera contrasta con muchas de las personas que entrevista, que aparentan estar desesperadamente incómodos hablando del tema, ya habiendo seguido con sus vidas y logrando olvidar el tema. Pero ¿cómo uno puede olvidar algo que nunca conoció? Incomprensión y frustración marcando su cara pálida, Prividera es un detective triste interrogando a los amigos, compañeros y familia de su madre en conversaciones caracterizadas por silencios incómodos, relatos conflictivos, la terrible fragilidad de la memoria y todo aquello que nunca se conocerá. “Estoy segura de que Marta era una militante,” dice una mujer “porque jamás dijo que no lo fuera”.
Claire Rigby (The Guardian)