Crítica del diario Clarin
Por Diego Lerer

La comedia humana
En "Mondovino", Jonathan Nossiter reflexiona sobre la globalización y las traiciones culturales.

No se trata de un filme de divulgación sobre la industria vitivinícola, si bien se podría armar un tour internacional del vino recorriendo los escenarios en los que se filmó. De Bordeaux a la Toscana, de Napa a Cafayate, de Borgoña a Cerdeña, Mondovino hace un recorrido por una buena cantidad de paradisíacos escenarios en los que se hacen algunos de los vinos más conocidos del mundo. Pero en medio de esos bellos paisajes aparecen siempre altísimas cercas, puertas de seguridad, perros que le ladran a cualquiera que se aparezca y algunas personas hasta con miedo de hablar.

¿Qué misterio se oculta? ¿Qué es lo que esa especie de equipo de investigación que conduce Jonathan Nossiter quiere desentrañar? Ordenado (relativamente hablando) casi como una película de detectives —pero más cerca del tono cómico que del cine negro —, el documental entra en el mundo del vino, con Nossiter entrevistando a los responsables de algunas de las bodegas más importantes de Francia, Italia, los Estados Unidos y la Argentina (y también a varias muy pequeñas), pero también a distribuidores, consultores, críticos y técnicos.

No van a encontrar aquí un filme que hable de las bondades de la buena mesa, casi no se escucharán términos de ese complejo lenguaje para iniciados que aparece cada vez que se habla del vino, y las mesas familiares tendrán por momentos más características mafiosas que de celebraciones domingueras.

A través del vino y de las complejas componendas, arreglos, compraventas y trampas que se hacen, Nossiter intenta describir una trama de adulteración. Mondovino es un intento de comprobar el funcionamiento del proceso de homogeneización del gusto a través de la traición cultural y de la aceptación de "las reglas del juego" de un mercado en el que el poder y el dinero mueven todos los hilos.

Un consultor francés, una gran bodega californiana y un crítico norteamericano parecen poner las reglas que hay que seguir si se quiere triunfar. Esas reglas incluyen una serie de conceptos como "micro-oxigenación" o "roble 100% nuevo" que da resultados comerciales pero produce, según el filme, dos graves adulteraciones. Por un lado se produce "la vainillización" del vino (transformándolo en un producto de sabor aceptable y suave, amable y fugaz), y por otro se pierde el concepto del terroir , del verdadero sabor que surge de cada específico pedazo de tierra.

Mondovino sigue una serie de casos puntuales (inversiones californianas en bodegas francesas e italianas), pero su corazón está en los detalles que la cámara va observando, a veces caóticamente, por los lugares que recorre. Los trabajadores mexicanos en los Estados Unidos, los indígenas en la Argentina, los perros malolientes, los barriles lustrados, los muebles, los archivos. Quizás demasiado abarcativo para 132 minutos (la serie de diez episodios que saldrá en DVD seguramente será la palabra definitiva de Nossiter), el filme logra darle a todo este proceso una escala humana, accesible, alejada del discurso técnico o el snobismo.

Si bien se nota la indudable empatía del director/entrevistador con los personajes, es evidente que, en el montaje, el hombre se las ha arreglado para construir sus héroes y sus villanos. Y más allá de algunas dudas que puedan despertar ciertas yuxtaposiciones, lo cierto es que la mayoría de los "villanos" se incendian solos. Lo que hace Nossiter es dejarlos hablar. Y cuando uno habla de hacer vinos en Marte, otro le reconoce a Mussolini haber hecho que los trenes lleguen a horario y un tercero dice tener gran relación con sus trabajadores mexicanos porque "les regalamos siempre un bolso, una remera", no hace falta agregar nada. La comedia humana se hace presente sola delante de la cámara.

 
 
 
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