Crítica del diario La Nación
Por Diego Batlle

Una obra maestra peque–a y sensible

Nadie sabe ( Nobody Knows / Dare mo shiranai , Japón/2004). Dirección, guión y edición: Hirokazu Kore-eda. Con Yûya Yagira, Ayu Kitaura, Hiei Kimura, Momoko Shimizu, Hanae Kan y You. Fotografía: Yutaka Yamasaki. Música: Gontiti. Diseño de producción: Toshihiro Isomi y Keiko Mitsumatsu. Producción hablada en japonés con subtítulos en castellano y presentada por 791 Cine en DVD (pantalla gigante) en el Arteplex Belgrano y en el Cosmos. Duración: 141 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años con reservas.
Nuestra opinión: excelente



Este cuarto largometraje del talentoso director japonés Hirokazu Kore-eda ( Maborosi , After Life: la vida después de la muerte y Distance ) es un poderoso, sensible y sobrecogedor retrato basado en un caso real que en 1988 conmovió a la sociedad de Tokio: una mujer abandonó a sus cuatro hijos (de entre 4 y 12 años y todos de diferentes padres) para formar otra familia en una ciudad distante. Estos hermanastros, que nunca fueron a la escuela y que, con la excepción del mayor, casi no abandonaron el pequeño departamento, sobrevivieron durante más de seis meses sin la ayuda de ningún adulto y con el escaso dinero que la madre les enviaba ocasionalmente.

Si este planteo puede parecer digno de un telefilm o de una telenovela con tendencia al melodrama lacrimógeno, en manos de Kore-eda resulta una implacable y certera crítica a la incomunicación, a la falta de contención y a la degradación a la que son sometidos los chicos en una sociedad contemporánea que parece haber perdido buena parte de sus valores esenciales.

Sin subrayados ni golpes bajos, con una enorme capacidad de observación (utiliza a la perfección cada uno de los planos-detalle) y una excepcional construcción narrativa que hace fluir los 141 minutos de una historia que durante tres cuartas partes transcurre en un pequeño monoambiente, ese gran humanista que es Kore-eda se sumerge con enorme precisión en la intimidad cotidiana de los chicos y describe la sordidez de la gran ciudad, que, salvo por un par de excepciones, los ignora por completo.

Filmada de manera cronológica durante el transcurso de casi todo un año, Nadie sabe necesita del paso por las distintas estaciones para mostrar de manera simultánea el progresivo deterioro físico y anímico de los chicos, que se quedan primero sin luz y luego sin agua hasta soportar condiciones infrahumanas y dejar la puerta abierta a la inevitable tragedia.

Si Kore-eda es un director de indudable convicción y talento, en este caso encontró en un elenco de chicos sin experiencia alguna en la actuación a los intérpretes ideales para estas cuatro atribuladas criaturas abandonadas a su suerte. En este sentido, el trabajo de Yûya Yagira, como el hermano mayor que se encarga de cuidarlos y alimentarlos, es de una intensidad y de una potencia demoledoras. El premio al mejor actor que ganó a los 14 años (tenía 12 cuando rodó el film) nada menos que en el Festival de Cannes resultó absolutamente merecido para un adolescente con un enorme futuro en el cine.

Más allá de los valores estéticos y dramáticos de Nadie sabe , es de agradecer que Kore-eda no haya caído en el sentimentalismo ni tampoco en un optimismo falso y tranquilizador. Estamos ante un director capaz de transmitir una gran ternura y empatía hacia sus personajes, pero que al mismo tiempo no se doblega ante el facilismo del regodeo y la manipulación de las emociones de un espectador sometido a una experiencia de vida tan extrema. Es precisamente la austeridad y la nobleza de Kore-eda las que convierten a Nadie sabe en una pequeña obra maestra.

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