Página 12
RICHARD LINKLATER
Un autor que entra y sale del sistema
Se editaron dos nuevas películas del director de Escuela de rock: Tape y Los osos de la mala suerte. La primera de ellas hace honor al “cine independiente”. La otra es un digno producto comercial.
El film de autor más o menos exquisito, producido en forma independiente y dirigido a un público selecto, y la película industrial para todo público, que parecería no tener otro propósito que el de entretener a rajatabla. En los últimos años, Richard Linklater da la impresión de haber perfeccionado esta suerte de doble llave para su carrera, con Antes del atardecer y Escuela de rock como ejemplos rotundos. Por estos días puede verificarse esa alternancia –entre la industria y el off-Hollywood, entre los ingresos más o menos seguros y el albur de la independencia, entre los proyectos personales y aquellos a los que hay que forzar para hacer propios– por parte del realizador de Rebeldes y confundidos y Despertando a la vida. Con diferencia de días se editaron en video Tape (que había podido verse en la edición 2002 del Bafici, y permanecía inédita) y Los osos de la mala suerte, estrenada en Estados Unidos a mediados del 2005, ambas dirigidas por Linklater. Aunque si hay algo que parece imposible adivinar, si no se cuenta con el dato, es que justamente las haya dirigido la misma persona.
Primer lanzamiento de 791 (nuevo sello, dedicado al cine de calidad, que cuenta con distribución de Gativideo), Tape es una de esas películas de las que basta ver un máximo de 10 segundos para asegurar, sin temor a equivocarse, que se trata de “cine independiente”. Filmada en video digital, en un único ambiente y con sólo tres actores, está basada (bastante obviamente, también) en una obra teatral de Stephen Belber, quien la adaptó para el cine. Con el propio Linklater manejando la cámara, Ethan Hawke (el actor de Antes del amanecer y Antes del atardecer) es aquí Vincent, a quien el comienzo de la película encuentra en una habitación de motel, abriendo una lata de cerveza detrás de otra. El motel está en las afueras de Lansing, Michigan, y Vincent ha llamado hasta ahí a su mejor amigo del colegio, Jon (Robert Sean Leonard, de La sociedad de los poetas muertos), aprovechando que éste está de paso por allí.
Como si no bastara con confrontar la crudeza e inmediatez de Vincent con la autosuficiente distancia desde la cual Jon parece plantarse ante todo, el hecho de que el primero trabaje de bombero (y dealer, en los ratos libres) y el otro sea cineasta indie confirma que después de egresar no hicieron más que separarse. Hay una vieja deuda entre ambos que tiene que ver con Amy, ex novia de Vincent y amante de Jon por una única noche (Uma Thurman); esa deuda desencadenará un triángulo de intrigas y ajustes de cuentas. Si Amanecer y Atardecer demostraron cuánto valora Linklater la palabra en el cine, Tape no hace más que confirmarlo. Con una diferencia: si en aquéllas las palabras transparentaban sentimientos, aquí operan en sentido contrario, convirtiéndose en lo más sospechable del mundo.
Donde se mantiene la transparencia propia del realizador es en el modo de dirigir actores, convirtiéndolos en una suerte de caja de resonancia anímica, con Thurman sacándole todo el jugo al personaje más complejo de los tres y consumando la actuación más sorprendente de su carrera.