Entrevista
a Katsuhito Ishii
Cahiers du Cinema
Por Stéphane Delorme
y Jean-Philippe Tessé, en Cannes,
mayo 2004.
Traducción: Emi Toyokawa.
Un
cuadro más (1)
(1)
El título es un juego de palabras
que evoca “Un cuadro menos”,
experiencia escénica del Sushi
Quizz en Japon Expo, un juego que se
volvió muy popular.

¿Qué lo llevó a que The Taste of Tea, sea su tercer largometraje?
Vengo de la publicidad, realicé alrededor
de cien spots para una empresa. Estaba
harto, entonces pasé a la realización
de films, primero mediometrajes. La
Promesa del mes de agosto, y después
dos largometrajes, Shark Skin Man y
Peach Hip Girl y Party 7. También
rodé una serie de cortos en numérico,
Hal & Bons, y otro de ciencia-ficción,
Trava. Después me encargaron
el diseño de los personajes de
las secuencias animadas de Kill Bill.
The
Taste of Tea, ¿es la continuación
de ese trabajo de animación?
Sí, porque comienza por el story-board,
que dibujo como si se tratara de un
manga. Después de las imágenes,
inserto cuadros para los diálogos.
Luego, hago un escenario, porque resulta
práctico para el equipo. Antes
de escribir el story-board, tomo nota
de ideas en una pequeña libreta,
de sainetes, de gags. A medida que esa
libreta se llena, intento relacionar
esas ideas por medio de una historia.
Si dos sainetes me gustan particularmente,
invento un tercero para realizar la
unión.
Organizar
una escena de cine y dibujarla, ¿son
dos cosas diferentes?
Para mí, en el fondo son parecidas.
Lo que me interesa, es el cuadro –
está sin duda ligado al manga.
Una viñeta de manga, es solo
una imagen. Un film, es la explicación
de esta imagen, una manera de llevarla
más lejos.
¿Usted
siente que dice más con una imagen
de cine?
Lo que creo gráficamente se acerca
menos al manga que a la pintura tradicional
japonesa. Pienso mucho en Kaburagi Kiyokata,
que hace a menudo personajes fijos con
colores atenuados. Son imágenes
muy chatas en las que los personajes
son muy vitales. Me esfuerzo para realizar
eso. Busco una forma que haga evolucionar
el manga.¿Es cine? Ustedes lo
dirán.
También
está el tema del tiempo, muy
diferente en un manga que en el cine.
Efectivamente.
Cuando estaba en el set de filmación,
tenía en la cabeza la imagen
fija que quiero obtener, es la del story-board.
Pero a partir del momento en que hay
un actor, aparece lo imprevisto. Es
eso lo que lo hace interesante. Cuando
la imagen inicial se desarrolla, toma
otra dimensión, me atrapa más
y más. En ese momento, dejo hacer
a los actores, dejo llegar lo imprevisto.
Como inventé mis films a partir
de imágenes fijas, me gusta todo
lo que viene a animarlas.
El
film está muy conectado a la
cultura pop, a los clips, etc. Al mismo
tiempo, usted evoca referencias más
clásicas, como Hiroshi Shimizu.
¿Porqué este cineasta
en particular?
Cuando diseñaba el story-board
de Taste of Tea, me di cuenta de que
había muchos planos secuencias.
Y como no me gusta la cámara
fija, me pregunté cómo
iba a llamar la atención del
espectador con todos esos planos secuencias.
Resulta que tiene un paso de tiempo:
más que mirar la televisión,
tomo un pequeño DV, durante horas
voy a los parques o a las afueras a
filmar planos fijos de agua, árboles,
etc. Después paso esas imágenes
en mi televisión, para matar
el tiempo. Me pregunté porqué
me interesaban esos planos fijos. Comprendí:
en esos planos, el temblor de mi mano
crea un movimiento más liviano,
más sutil. A partir del momento
en que la imagen se mueve, solo por
un movimiento minúsculo, la imagen
crea la espera. Esto fue un descubrimiento
para mí. Con Taste of Tea, quise
unir la calidad del 35 mm y la agilidad
del digital. Entonces, como no podemos
encontrar ese movimiento tembloroso
con el 35 mm, pedí a mi cameraman
que hiciera un dispositivo para permitir
un movimiento permanente. Logré
obtener ese movimiento, a pesar de que
no hay ningún plano fijo en el
film. Y cuando soñé los
films de Shimizu, me di cuenta de que
tenía exactamente ese movimiento.
A
menudo, las crónicas familiares
insisten en los placeres de lo cotidiano.
Aquí, el relato avanza con gags
incongruentes, por un juego sobre el
tamaño de las apariciones.
El relato se construyó con un
agregado de sainetes que había
que relacionar entre sí. Por
eso siempre hay una aparición,
un gag, que se agrega al resto como
una perla al collar. Cuando dibujo el
story-board, comienzo por el cuadro.
Después, hago un pequeño
trazo en la parte inferior de la imagen
que corresponde a mi lugar de espectador.
El cuadro, es la pantalla del film.
Juego con el tamaño de lo que
dibujo, juego con las escalas.
¿Siente
afinidad con otros cineastas contemporáneos?
Verdaderamente no. A veces, está
Kohei Oguri, que realizó El hombre
que duerme (1996). Su manera de filmar
es cercana al arte contemporáneo;
es como una instalación, me gusta
mucho. También recibí
influencias de Sonatine de Kitano. Imprimí
todas las imágenes y las ordené
en una carpeta, que tengo a menudo conmigo.
Hice lo mismo con El hombre que duerme.
Pero lo bueno en Sonatine, son sobre
todo los actores. Cuando se ve a un
actor de pie, inerte, que permanece
sin reflexionar, ¿podremos traducir
esto en BD? No sé.
¿En
qué trabaja ahora?
Preparo un nuevo largometraje con dos
amigos, The Forest of Nice. Será
un film de cien gags, que duran desde
dos segundos hasta cuarenta minutos.
Cada gag es independiente de los otros,
aunque los personajes son los mismos
y el universo es homogéneo.
“El
Sabor del té”, ¿es
un homenaje a Ozu?
El film comienza en primavera y termina
en verano. Los problemas comienzan y
se resuelven por la familia a lo largo
de este período. Al comienzo,
pensaba en el título como: “Los
Problemas de la primavera”, pero
era demasiado explícito, aunque
no muy bueno, finalmente. Repensando
el film, me dije que los personajes
bebían té sin cesar, como
yo mismo desde que era pequeño.
Ahora bien, curiosamente, no recuerdo
el sabor del té de mi infancia.
Sin embargo es un sabor muy familiar,
pero no conservo un recuerdo muy preciso.
De ahí el título. No es
verdaderamente una referencia a Ozu.
Además el título original
de El sabor del sake, es Sabor de la
caballa, que evoca a la caballa que
se come asada. Es un sabor muy familiar
para los Japoneses, muy típico,
un sabor de otoño. “El
sabor del sake”, no dice mucho,
es para la exportación.
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