Cahiers du Cinema
Por Stéphane Delorme

La embriaguez del té

Sentimiento raro en el cine: The Taste of Tea es un film que euforiza. Proeza que nace de un doble logro a priori antagonista: llegar a describir exitosamente la crónica familiar y campestre de un pequeño grupo de fantasistas (aún cuando la felicidad es el tema más vapuleado que aparece en la pantalla), mientras se realiza el film más contemporáneo e ingenioso que se pueda imaginar. El blend tea del Sr. Ishii se permite todas las mezclas: analógica y digital, tomas de vistas reales y animaciones, clips integrados, profusión de efectos especiales. Desde las primeras imágenes, ante el espectador estupefacto, un tren numérico sale de la cabeza del adolescente dejando abierto un pequeño cuadrado en la mitad de su frente; después una muchacha ve a su doble incrustado que se invita cerca de ella, y se convierte en espectadora de su propia vida, con una delicadeza sin igual. Desde el principio, los agregados numéricos no desentonan, nos anticipan, todo puede suceder.

No es casualidad que la última obra de Katsuhito Ishii sea la secuencia animada de Kill Bill volumen 1. Ishii pertenece a esos cineastas aventureros que atacan sin vacilación el siglo abrazando en un mismo movimiento cine y clip, analógico y animación, formato de largometraje (las dos partes de Kill Bill, los 143 minutos aquí) y forma breve (el clip, la publicidad, el gag, el logotipo). Entre ellos, conocemos a los fanáticos de trozos elegidos que montan el film como un best of regocijante (Kill Hill), los payasos tristes que fragmentan la imagen en mil ideas en un decaimiento depresivo (La Vida acuática).

Hay que tener en cuenta desde ahora a Ishii, ejemplo raro y risueño de una fragmentación generosa pero perfectamente organizada, que liga una línea clara y una línea quebrada, una masa unida y una masa quebrada.

La narración de The Taste of Tea teje y vuelve a tejer los lazos para no caer nunca en la enumeración de sketches, para mantener este equilibrio entre la cohesión del film (y de la familia) por una parte, y la dispersión del gag que le abre paso a todos los vientos. Imposible reducir la familia a la cotidianeidad de los pequeños placeres y las pequeñas inquietudes. El gag dinamita esos días felices tejidos sin sombras: la madre en el hogar diseña en realidad mangas hiperviolentas, el abuelazo es un excéntrico verdaderamente ido, la muchacha vive al día las magias y maleficios de la desposesión. El film sigue a cada uno en su línea de locura, llevada con dulzura y decisión. No es el gag, que se inscribe en su vida, sino el hecho de que ellos son llevados a caballo en una línea de gags que llega al infinito. Llevados a cuestas en una sucesión de pequeños cuadros, como el tren nocturno que atraviesa la noche.

Si The Taste of Tea sin embargo no se deshilacha, es porque tiene un centro, la pequeña Sachiko, caperucita, muñeca rosa, triángulo de oro, que hace disparatar el film y resonar las historias y los motivos entre ellos.
La nena comprende al vuelo estas historias macabras de cráneos enterrados para transformarlos en la aparición soñadora de su cabeza redonda; ella escucha el resumen contado por el tío sobre la única manera de ahuyentar los demonios (un giro completo en la barra fija); ella siempre atrapa los detalles que andan rondando, como esta pequeña imagen de girasol al final del sketch de jungle girl (un ave de rapiña feroz que devora en directo el Fogiel (1) local en la TV). The Taste of tea sabe poner de manifiesto con gracia el pensamiento obstinado de los niños; de esta manera, cuando el gran hermano se enamora, solo sueña con jugar al go con su amiga, sin ir más lejos, paralizado en la eternidad de su gesto.

En esta precisión sobre las obsesiones de cada uno transcurre la extravagancia del film para alcanzar la grandeza. Todos los miembros de la familia son superados por algo más grande que ellos mismos - desmesura o perfección. Esta búsqueda adquiere una apariencia puramente física muy particular (hablando claro, Ishii se burla de la abstracción): todos están en la búsqueda obsesiva del gesto perfecto. El abuelo karatéka multiplica las poses para los dibujos de su nuera, el bailarín iroqués se entrena solo cerca del río, y seguramente la niña, para deshacerse finalmente de su molesto doble, intenta en vano hacer su giro completo. Todos los extras son tocados por este entusiasmo común: el director del instituto de enseñanza se dedica a la recreación en los recitales de poesía, el barrendero de la escuela esboza un paso de danza con su escoba, el jugador de base-ball lanza la pelota a la velocidad de la luz. Cuando el gesto termina, milagro: la muchacha vuela por los aires, empujada por un inmenso girasol que se agranda hasta dejar una estela en Japón como un gran flash atómico. Una atomización eufórica que derriba cincuenta años de angustia nuclear con una frescura sideral. En este momento alucinante que corona el film, Ishii se da el lujo de un néo-2001(2) transformando el girasol en planeta jocoso, sol tornasolado que parece que no se dormirá jamás. Determinación para describir un “pequeño” mundo, el film solamente hace crecer, sacar a la luz, agrandar, multiplicar lo gigantesco. Lo lindo - kawai!- de la muchacha es atropellado por las metamorfosis de Alicia en el país de las maravillas. Una vuelta del trabajo se transforma en un viaje planetario cuando aparecen en el metro dos fulanos disfrazados de robots intersiderales.

Cuando The Taste of Tea amenaza terminar, todavía queda abierto: al final del film un flip-book consagrado a cada miembro de la familia viene a recapitular el gesto y la gesta, de cada uno. Para todos, salvo justamente para la nena, que descubre bajo sus ojos, la promesa realizada de lograr su giro en la barra fija. Reflejo espléndido para no paralizar a cada uno en su presente sino abrirle un posible presente no realizado. Y es suficiente de pronto, que un niño obstinado logre un cambio para que el mundo entero resplandezca y brille intensamente. Es la única moral, encantadora, de The Taste of Tea. “All things shine”, resume La Línea roja. Prever muchas tasas, el sabor del té es embriagador.

(1) Marc-Olivier Fogiel: animador y productor de la televisión francesa
(2) Néo-2001: nombre de un asteroide próximo a la tierra y del protagonista de la película de ciencia ficción Matrix que utiliza por primera vez la técnica del “bullet- time”, que consiste en congelar la imagen mientras la cámara sigue moviéndose alrededor de la escena.

 
 
 
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