Crítica del diario Clarín
Por Pablo Scholz

Crónicas del infierno
En "El noveno día", el director Volker Schlöndorff demuestra cómo el nazismo atentó también contra la iglesia.

MUY BUENA

Cuestiones morales y religiosas, todo teñido de la esencia, o lo que el ser humano suele interpretar como lo que lleva bien, bien adentro, es la base en la que se sustenta El noveno día, la gran película con que Volker Schlöndorff regresa al primer plano tras algunos pasos no muy afortunados.

Basándose en el libro autobiográfico del abad Jean Bernard, quien fue detenido por manifiestas expresiones antigermánicas en pleno nazismo y enviado al campo de concentración de Dachau, junto con otros clérigos de Luxemburgo, su patria, el sacerdote ve, sufre y vive en carne propia los atropellos en Dachau, una crucifixión incluida. Y cuando creía que nada peor podría sucederle, recibe la orden de ser liberado.

En realidad, Henri Kremer —nombre utilizado en esta ficción— estará fuera el campo con un permiso especial por nueve jornadas, las suficientes para despedir el cuerpo de su madre, reencontrarse con su familia y —el verdadero motivo detrás de su liberación momentánea— tratar de interceder ante el obispo de Luxemburgo para recomponer relaciones con el Tercer Reich.

Se sabe: el rol que podría haber jugado la Iglesia católica en el futuro del mundo si Hitler hubiera ganado la guerra dependía de algo más que señales políticas desde el Vaticano.

El director de El tambor opta por reflejar los estados de ánimo de Kremer con pequeños pantallazos, pero muy reveladores. El reverendo prefiere en su casa dormir tirado en el suelo, casi no comer pensando en sus compañeros, y carga con una culpa terrible por haber bebido una gota de agua y no haberla compartido con otro clérigo, que no soportó más.

Y es categórico, ya desde el guión, con las enunciaciones. "El Papa opta por el silencio, para que no pasen cosas peores", le dice el nuevo secretario del obispo. "¿Qué quieren, colgar esvásticas en nuestras Iglesias?", le responde.

Ulrich Matthes, quien compuso con igual eficacia a Goebbels en La caída, es el protagonista. Es un actor que desnuda emociones desde el fondo de sus ojos, que con su expresión cadavérica trasluce cada sentimiento del acomplejado sacerdote, que se exaspera cuando no debe y que muestra un mundo interior tan intenso como en apariencia inescrutable. A Matthes lo acompaña August Diehl, que personifica a Gebhardt, el oficial de la Gestapo católico como él, que intenta comprometerlo en su causa, un rol muchas veces transitado por el cine —el del interrogador que manipula a su interlocutor—, no por ello menos visceral.

El noveno día, que compitió en marzo en Mar del Plata, es un alegato contra la barbarie, que demuestra, por si hiciera falta, que el nazismo atentó contra la humanidad fuera cual fuera su ideología, raza o religión. Es un grano de arena más, para no olvidar.

 
 
 
Contacto > info@791cine.com