Crítica del diario La Nación
Por Adolfo C. Martinez

Travesía moral en nueve días

MUY BUENA

La época del nazismo no sólo convirtió a numerosos países en ruinas humeantes, atacó sin piedad a quienes se opusieron a ese oprobioso sistema tan sádico en el que las armas no respetaban a hombres, mujeres y niños y se extendió como una mancha voraz contra aquellos gitanos, homosexuales y judíos que murieron en una contienda que no les dio perdón ni oportunidad de salvar sus vidas. Hitler y sus sicarios no conocían la piedad, y miles de prisioneros fueron trasladados a los campos de concentración, donde día tras día eran castigados y humillados.

En marzo de 1933 se abrió el campo de Dachau, por el que pasaron, durante muchos años, tanto franceses como polacos, soviéticos e italianos. Había allí un pabellón -los nazis lo bautizaron "búnker de honor"- en el que permanecieron altos personajes de la vida pública y una barraca para sacerdotes provenientes de las zonas ocupadas y anexadas a Alemania. Entre éstos estaba el abad Henri Kremer, quien, sin muy claras explicaciones, fue dejado en libertad.

El plan del nazismo consistía en convencer al obispo de Luxemburgo de trabajar con los ocupantes alemanes, y Kremer retorna a su hogar para cumplir esa misión cuyo resultado debe finalizar en nueve días. El sacerdote se enfrentará a su conciencia moral. ¿Cómo convencer a su superior de los planes de sus enemigos? ¿Cómo olvidar a los cientos de sacerdotes que quedaron en el campo de Dachau, a quienes él les brindó su amistad y su compasión? ¿De qué manera Gebhard, oficial de la Gestapo, tratará de impulsar al abad a cumplir con la orden de presionar al liberado para que su superior logre la separación entre la iglesia de Luxemburgo y el Vaticano? Estas y otras son las preguntas que giran en la conciencia de Kremer, cada día más dispuesto a no entregarse a un juego de amenazas y de terror.

Momento de decisión
"El noveno día" es un film de indudable emoción y de cálida entrega a la necesidad de internarse en los meandros de la valentía y de la calidez. Ese sacerdote transitará sus nueve días en medio de su hogar, junto a su familia, pero no podrá olvidar aquel campo de concentración en el que él sufrió, como pocos, el castigo cotidiano en medio de patéticas situaciones de burla y violencia. La historia, creada libremente sobre la base de un relato autobiográfico de Jean Bernard, apuesta a la continua emoción y deja de lado el mero melodramatismo para internarse en una aguda pintura de un sacerdote enfrentado a una decisión que lo arrincona entre el retorno a la prisión y a una libertad que, en definitiva, se convertirá en su castigo.

El director Volker Schlöndorff, el mismo que transitó con su filmografía por los hechos más cruentos de la humanidad -recuérdese, por ejemplo, "El tambor de hojalata"-, logró un film de fuerte contenido dramático y de repercusión universal. No necesitó para ello la violencia exasperada ni el terror a puertas abiertas. Apostó, con mucha fuerza, a seguir los pasos de ese sacerdote por momentos humillado y envuelto en dudas y logró una trama de indudable grandeza que habla de la conciencia moral y del libre albedrío. Para ello contó con el excelente trabajo de Ulrich Matthes -el Goebbels de "La caída"-, que prestó su rostro sufriente y sus notables condiciones para ponerse en la piel de quien padece a cada instante, pero que logrará triunfar al llegar al noveno día del plazo de su misión. El resto del elenco fue otro de los válidos motivos para que este film llame a la reflexión. Reflexión que necesita de valentía para cumplir una misión que oscila entre la vida y la muerte.

 
 
 
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