Entrevista
a Ulrich Matthes
La Razón
Por Javier Firpo
El camaleón
Con tan sólo una semana de por medio,
el soberbio alemán pasó
de interpretar a Goebbels, en "La
caída", a un sacerdorte
víctima del nazismo en "El
noveno día", que
se estrena hoy.

Como
suele ocurrir, aquellos actores que
más impresionan y aterrorizan
desde la pantalla, son los que, en definitiva,
se comportan más amables a la
hora de las entrevistas. Así
ocurre con el alemán Ulrich Matthes,
quien se hizo odiar interpretando al
temible Goebbels, en la memorable "La
caída" (la película
europea más vista del año
en Argentina: 200 mil espectadores),
y, una semana después de aquel
rodaje, se calzó las vestiduras
del sacerdote Henri Kremer en "El
noveno día", que
se estrena hoy en la cartelera porteña.
"Transformación superlativa,
camaleónica", elogió
la prensa europea.
Matthes atiende el teléfono desde
su natal y en estos tiempos helada Berlín.
"Tengo que ensayar una obra basada
en textos de Shakespeare y no puedo
salir de la casa por la tormenta de
nieve", dice quien aspira a conseguir
el lauro a Mejor actor que en diciembre
otorgará la Academia de Cine
de Europa. "Esos premios me tienen
ansioso y expectante, y la competencia
no será sencilla. En la terna
está Bruno Ganz", que descolló
en "La caída".
El actor, de 46 años, hace hincapié
en la palabra "responsabilidad"
para referirse a los dos papeles más
importantes de su vida. "Tanto
Goebbels como Kremer fueron personajes
que existieron y me forzaron a trabajar
con responsabilidad".
No está de más recordar
que Josep Goebbels fue Ministro de Propaganda
en el gobierno de Hitler, y que se suicidó
junto con su familia en 1945, cuando
los rusos entraron en Berlín.
¿Por
qué cree que lo llamaron para
ambos roles?
Supongo que es porque cuento con un
rostro muy expresivo y puedo manejar
gestos extremos.
No se equivoca Ulrich: su cara impacta.
Sus pómulos angulosos, el mentón
puntiagudo y los ojos como metidos hacia
adentro, configuran una fisonomía
casi única. "Soy un privilegiado,
ya que muy pocos tuvieron la oportunidad
de interpretar las dos caras de la guerra:
el nazi de pura cepa y el religioso
acuciado por el regimen totalitario".
¿Costó
la interpretación de ambos? ¿La
transición de uno a otro en tan
poco tiempo?
Fue
muy arduo física y psíquicamente.
Me maté investigando, especialmente
el personaje del abad Henri Kremer.
Casualmente, en el film dirigido por
Volker Schlöndorff, Kremer es un
nombre inventado, pero basado en la
vida de Jean Bernard, que fue Secretario
de la Oficina Católica Internacional
de Cine en tiempos de la Segunda Guerra.
"Kremer es un personaje que se
sacrifica por su fe y el mandato de
su conciencia, y encuentra fortaleza,
paradójicamente, en su debilidad".
¿Cuál
le costó más?
Sentí
más presión con Goebbels,
porque fue una persona que existió,
y todos los ojos de los alemanes estuvieron
puestos en mi actuación. Fue
la mayor responsabilidad de mi carrera.
¿Cómo
lo elaboró?
Me llevó medio año componerlo.
No me sentía seguro, por eso
consumí todo tipo de material
vinculado a él: desde recortes
de diarios, hasta videos y documentales.
Quise, además, extraer sus gestos
y su tono de voz.
¿Y
para encarnar al sacerdote?
Me costó bajar ocho kilos, después
conté con el apoyo de Schlöndorff,
un director de pocas palabras que me
dio toda la libertad para encontrar
la atmósfera apropiada. Volker,
sabiendo que yo venía exhausto,
me pidió que no actuara, sino
que siguiera mis impulsos.
¿Contó
con apoyo familiar?
Cuando aparecen estos personajes, necesito
estar solo, porque me demandan mucha
energía y unas quince horas diarias
de disponibilidad.
La charla va llegando al final y gira
el eje temático 360 grados: el
fútbol y la Copa del Mundo que
se hará en su país. Y
pronostica este fanático del
club Hertha Berlín: "Alemania
quedará afuera en cuartos de
final, no tiene para llegar más
alto. Y la final será entre Argentina
y Brasil. ¿Quién gana?
Si le digo, se enojará...". |