Ayer otra vez
CRÍTICA LA NACIÓN
La tradición de combinar el thriller y la comedia romántica en historias de ladrones profesionales es larga y fecunda. En este sentido, Ayer otra vez , una rareza dentro de la prolífica carrera del director hongkonés Johnnie To, se inscribe en la línea de El affaire Thomas Crown o Cómo robar un millón , del suspenso no exento de humor de Alfred Hitchcock, del ingenio del primer David Mamet y de Once a Thief, una apuesta bastante similar de otro gran realizador asiático como John Woo.
Con más de 40 largometrajes en dos décadas, To es un referente del cine asiático de género y un reconocido maestro de la narración, de la acción y del humor. Ayer otra vez -una película algo menor dentro de su filmografía, pero igualmente "mayor" en el contexto tan gris del cine actual- tiene menos vértigo, tensión y virtuosismo formal que sus grandes trabajos recientes ( PTU, Exiled y las sagas de Election y Running Out of Time ), pero no deja de ser un divertimento muy entretenido.
En su tercera colaboración con la carismática, glamurosa pareja que componen Andy Lau y Sammi Cheng después de las exitosas Needing You (2000) y Love on a Diet (2001), To narra aquí los enredos amorosos y delictivos de un matrimonio de hábiles ladrones profesionales que deciden divorciarse tras una pelea por el reparto de un botín de diamantes.
Lo que sigue son continuos intentos de reconciliación, nuevos robos, engaños mutuos, ataques de culpa y de celos y, otra vez, peleas y separaciones. Millonarios y ambiciosos, los protagonistas viven en un mundo de lujo y sofisticación a lo James Bond, con yates, Audi y Lamborghini descapotables, botellas de vino francés que valen decenas de miles de dólares, embriagadoras joyas, habanos y mansiones a todo lujo.
Si bien el énfasis del film está puesto en la pareja protagónica, To trabaja unos simpáticos personajes secundarios (desde una veterana y poderosa ladrona que intenta preservar a su hijo de las garras de Cheng hasta el inspector de una compañía aseguradora, pasando por dos patéticos investigadores privados). Como siempre, el director tiene muchas (a veces, demasiadas) ideas de guión y de puesta en escena. Algunas, es cierto, se esfuman rápidamente y terminan siendo desaprovechadas, pero bienvenido sea el exceso en un cine como el actual, en el que todo parece predigerido, pasteurizado, sustentado en fórmulas ya comprobadas.
Ayer otra vez hace recordar a los clásicos de la época dorada de los grandes estudios: un cine sin prejuicios y sin ambiciones desmedidas, actores con encanto, escenas eficaces, diálogos con chispa... Una sana recuperación de la mejor tradición por parte de un director insoslayable del cine contemporáneo.
por Diego Batlle
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Notas
- Crítica La Nación
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Cine Oriental
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